Las madres, con sus bebés de cuatro a diez meses en brazos, suben la escalerilla, salen de la piscina y forman un grupo junto al bordillo. Se ponen en fila. La primera, sin aviso, tira al niño al agua.
El bebé se hunde. La redactora que es madre y bastante cobardica, no puede reprimir el susto. Durante una milésima de segundo, puro instinto, a punto está de lanzarse al agua. El bebé tarda unos segundos (eternos) en emerger. Su madre ni se ha inmutado. Está acostumbrada. Antes de que la observadora se reponga del shock el niño está flotando.
Algunos sostienen el sonajero con dificultad; otros están en la fase del gateo; los mas mayores acaban de aprender a andar. Pero todos saben salir a la superficie si caen al agua. Aunque la cabeza entre en el líquido elemento muy a menudo y haya que expulsarlo.
Asistimos a las clases de matronatación en la Escuela Lázaro. Es la cuarta temporada que el centro las imparte. Guardería desde su fundación en 1978, estuvo emplazada en la calle Ezequiel Solana hasta su traslado a Hermanos Gómez, hace cuatro años.
Una de la monitoras, Pilar Marcos, enseña a los bebés un elefante de peluche y entona una canción
| La Escuela Lázaro es uno de los pocos centros en Madrid que imparte clases de matronatación para madres y bebés |
de cuna. Las madres la acompañan, meciendo a los niños. La mayoría de los bebés lleva, lógicamente bañadores-pañal: evitan escapes. En otro momento las parejas madre-niño forman un círculo. Juegan al corro de la patata e "¡inmersión!". Ahora se reparten pelotas de colores. Las mamás se comen a sus crios a besos. Les abrazan, les protegen, les arrullan si tiemblan.
"Es mejor llevarlos cuando son muy pequeños, porque aun no tienen miedo, no saben lo que es el peligro. En cuanto cumplen unos meses entienden donde van", explica Rosa Montero, otra de las monitoras. "El objetivo es que, si caen al agua, queden en posición dorsal, no boca abajo. Los bebés bucean instintivamente, porque su glotis no se cierra hasta los veinte meses. No se les puede pedir que naden porque cuando son tan pequeños no tienen fuerza para desplazarse. Su psicomotricidad no está aún definida. Hasta los tres años no les enseñamos a nadar".
A partir de cuatro meses
Se recomienda que a las sesiones acudan los niños con sus madres o padres, pero si no es posible pueden recibir clases particulares. "Casi todos lloran al meterlos por primera vez al agua. No quieren separarse de los brazos de su madre y pasar a otros que extrañan. Tienen que superar ese periodo de adaptación", advierte Montero. La actividad mejora su capacidad cardio-respiratoria y de coordinación motriz. Fortalece los pulmones y ayuda a reforzar el sistema inmunológico. También aumenta el coeficiente intelectual. Los bebés que nadan antes de los dos años son mas creativos y observadores.
Las clases de 15 minutos, se imparten dos veces a la semana. Para que no trastornen al niño deben evitarse las horas de comida y sueño. La edad idónea para comenzar son los cuatro meses, porque a partir de los seis o siete pierden los reflejos innatos. Además el miedo al agua se incrementa al ir creciendo.
Un año después
Lágrimas y sonrisas
Alba López, 18 meses. De su boca no salen mas palabras que "papá", "mamá" y "no". El "si" lo dice solo con la cabeza. Anda ya; pero sin seguridad total. Se sumerge con ella Rosa Montero. La niña llora, llama a su madre, Esther, pero no deja de moverse en el agua.
Es su segundo curso en Lázaro. La lleva su abuela, que no está por "la labor" de nadar con la nieta. Rosa, de lo mas cariñosa, la abraza para tranquilizarla. Le pone una tablilla en la espalda y la niña se relaja. Hasta sonrie al fotógrafo. Rosa la sienta en el bordillo ...para tirarla de nuevo a la piscina. No le sienta bien.. "La traigo porque todos los años se produce algún ahogamiento de niños que caen a la piscina. Cuando sea mayor, sabrá nadar perfectamente", comenta su madre.
"El pediatra dijo que le sentaría bien"
Balbi López y Almudena Riojo. "Un día nos dijeron que teniamos que tirar al bebé al agua, precisamente en la parte de mayor profundidad. Yo pedía a las otra madres que pasaran primero", relata Almudena. "Nado mal, no tengo técnica y no quería que le pasara lo mismo a Balbi. Así se va acostumbrando y le será mas fácil defenderse. Ahora está siempre muy relajado, no solo el día que va a la piscina. Era un niño hiperactivo".
Fue un reportaje sobre matronatación, que vio en televisión, lo que decidió a Almudena a llevar a su hijo, con cuatro meses. "El pediatra aseguró que le vendría muy bien; peero las piscinas municipales no admiten niños hasta los tres años. el primer día estaba un poco extrañado; pero el monitor mantuvo un ambiente de relax. No meten la cabeza del bebé en el agua para que no se asuste".
"Quiero disfrutar de mi hija en todo momento"
Patricia García y Encar Lacalle. Las madres tienen la oportunidad de sumergirse con los niños o dejar su aprendizaje en manos de un monitor. "Prefiero estar con ella. He pedido una excedencia para disfrutarla todo el tiempo posible"; explica Encar.
"La inmersión se hace poco a poco, van familiarizando a los niños con el medio. aun no la he tirado al agua; pero estoy segura de que no le causará ningún trauma". Entre las ventajas que encuentra a la actividad, figura que contribuye a su "desarrollo psicomotriz, pero sobre todo la he apuntado por diversión. Los días que venimos a la piscina se queda muy relajada y cae rendida en cuanto sale".
"Son momentos únicos"
Marina Fanega y Maria Luisa Fernández. Maria Luisa lleva a su hija a la guardería del Centro. "Tener que tirarla al agua me causó mucha impresión. Me sentia como si me hubieran obligado a meterla en el fuego sin protección. Pero lo hice. No lo pensé".
"Puedo llevarla porque solicité media jornada en la empresa. Quería hacer cosas diferentes de jugar en el parque o en casa y disfrutarla mientras sea pequeña. Ahora se producen momentos mágicos, como los de verla gatear o coger un muñeco. Pero estos ratos en la piscina son únicos. Hay que vivirlos porque no vuelven. estamos muy cerca, abrazadas. Esas caritas de susto, esas miradas brillantes ..."